Sabor a Crisis

No sólo el hombre actual sufre la crisis. También la padecía de vez en cuando el Hombre de Cro-Magnon.
Sufría la “crisis del gamo”. Cuando la caza escaseaba porque eran demasiados cazadores para pocas presas o el clima no se portaba cariñosamente, emigraba hacia lugares más propicios e inexplorados persiguiendo nuevas piezas con las que alimentarse. Se mudaba a una nueva cueva sin hipoteca y como mucho, expropiaba desaprensivamente a algún oso. Y acabado el problema. El hombre moderno cuenta con otras ventajas: sabe con certeza cuándo empieza la crisis y además - ¡maravillosa inteligencia! - , es capaz de prever cuando termina; por el 2010 según nos cuentan.
Este último Homo Sapiens esta más enterado de todo… sólo le falla como solucionar el problema, pequeño detalle. Como nuestro ancestro, o como nos instruye Spencer Johnson en su libro ¿Quién se ha llevado mi queso?, ya no podemos actuar, porque los países vecinos e incluso los que están allende los mares, tienen menos gamos que nosotros y un queso muy racionado además de rancio. Así que no nos queda más remedio que ahorrar y jugar al ahorcado con los champuses. Consiste en ponerlos boca abajo hasta que suelten la última gota. Sólo que hoy en día hay que colgarlos de una cuerda porque con esas formas tan psicodélicas de los botes, no hay uno que haga el pino con la gallardía de antes. Ahora sí. Les pido personalmente un favor.
Llévense si quieren la botella del vino sobrante del restaurante, están en su pleno derecho. Pero, en aras del ahorro, no me hagan como cierto ser humano, - evidente ejemplar de “tacañus extremus”- en una cafetería de Piedras Blancas. No me vayan desde casa con la bolsita del té o de la infusión de menta-poleo en la mano y le digan a la camarera “Caliénteme agua del grifo”. Que queda muy cutre.